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Colección Ernesto Bayolano (c)
Billetes de placas de metal ("metal tallies" o "tokens")   
 
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    El origen de los viajes en tren esta en pleno apogeo de la época de los coches de caballos, en los que la hora de salida no estaba garantizada y las plazas disponibles para viajar se agotaban con mucha antelación.

  

Las compañías de coches de caballos tenían una oficina de reservas en las que un empleado custodiaba el libro mayor en el que se anotaba el nombre del viajero, su destino, el coche de caballos en el que estaba previsto el desplazamiento, la fecha y hora del mismo. Una copia de la anotación se entregaba al viajero como justificante y una segunda copia iba destinada al guarda de la diligencia.

   Los primeros ferrocarriles copiaron este sistema, por lo que los billetes de transporte consistían en esa copia de la anotación del libro mayor, realizada en un impreso confeccionado con un papel muy fino. 

  Este método fue válido para líneas con pocos pasajeros, pero a medida que se generalizaban los desplazamientos el procedimiento colapsaba las oficinas de las compañías ferroviarias y los empleados de la misma prescindieron de anotar algunos datos para ir mas deprisa (por ejemplo, en lugar de anotar el nombre de la persona escribían "Boy", "Lady", etc.). 

    Es evidente que esta forma de actuar no era un inconveniente en el caso de los coches de caballos, que podían transportar 12 o 16 pasajeros, pero creaba continuos problemas en los trenes que podían llevar mas de cien personas. 

   Se necesitaba un cambio en la forma de expedir billetes, y fue la compañía del ferrocarril británico Leicester and Swannington en 1832 la primera en inventar una alternativa: unas placas metálicas, con forma octogonal, que llevaban estampada las siglas de la compañía (L&S), la estación de destino (Bagworth, Glenfield, Ashbyroad, etc.) y un número de serie. Inicialmente este tipo de billete se utilizó para los viajeros de tercera clase pero posteriormente se extendería a los que usaban la segunda clase, aunque variando la calidad del metal. Por su parte, la primera clase, seguía disfrutando del privilegio de los billetes en papel. 

   La oficina de la compañía seguía anotando algunos datos de los viajeros en un libro de registro, pero ya no era necesario confeccionar copias de la reserva y autorización del viaje, bastaba con entregarle al pasajero la placa metálica. Éstas eran recogidas al finalizar el viaje y guardadas en un estuche de piel dividido en ocho compartimentos, uno por cada estación de la línea. 

   Muchos ferrocarriles de la época copiaron esta iniciativa, introduciendo variaciones en la forma de las placas metálicas (redondas, cuadradas, hexagonales, etc.) e incluso desarrollando unas especiales para directivos de las compañías y para los viajeros de primera clase a base de combinaciones de bronce y plata. 

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En ocasiones especiales, algunas empresas ferroviarias o de tranvías, entregaron a sus directivos y consejeros unos pases confeccionados sobre marfil, otorgándoles un mayor nivel de distinción personal.
El que se muestra aquí como ejemplo, procedente de los Tranvías de Barcelona, es el único ejemplar que se conserva en España.
 
Colección Juan Domingo Ventura

   El resto del personal de los ferrocarriles también recibía este tipo de identificaciones, aunque realizados con metal de menor calidad y grabados muy rudimentarios.

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El de la fotografía fue entregado en 1932 a los trabajadores de las obras del Gran Metro de Barcelona.
Es, también, el único ejemplar de pase metálico que se conserva de los ferrocarriles de nuestro país.
 
Colección Juan Domingo Ventura

   Es de destacar que este tipo de placas (metal tallies o tokens en inglés) ya existían en la minería británica y se han seguido utilizado con posterioridad en muchas compañías, ya que cumplían una doble función: servir de identificación para viajar en los transportes de la empresa o en otras con las que la se tenía acuerdos, y garantizar la identificación del trabajador en caso de accidentes en las minas (por este motivo, cada minero tenía siempre asignado el mismo número de serie).

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http://www.mining-memorabilia.co.uk
 
 
"En las compañías mineras británicas estas placas metálicas tenían diversos nombres:"checks", "tokens", "tallies",
"motties", "pins", "tickets" o "passes".
Colección
National Mining Memorabilia Association (c)

   A principios del siglo XX algunas compañías de ferrocarriles urbanos (metros y tranvías) de Estados Unidos reimplantaron los "tokens" como billete de transporte, desarrollándose un enorme muestrario de modelos en los que destacan la introducción de diseños a base de perforaciones geométricas o grabados de letras representativas de la ciudad o de la empresa.

   Por su particularidad  también existe un ámbito del coleccionismo especializado en ellos, aunque por su forma redonda y soporte metálico pueda parecer que está  mas cerca de la numismática que de la "forondotelia" (término que se utiliza en España para definir a los coleccionistas de billetes de tranvía y por extensión al coleccionismo de títulos de transporte en ferrocarril).  En la realidad tuvieron dos usos habituales: el inicial se desarrolló para las primeras máquinas de control de acceso en los ferrocarriles urbanos, pero luego se extendieron en las compañías de tranvías como forma de pago de los viajes, por lo que podemos ubicarlas en los dos campos del coleccionismo..

 

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Tokens del siglo XIX 

Metal Tallies
Colecciones de Ernesto Bayolano (c)
y Maurice I. Bray (c)


Tokens del siglo XX 


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Colección de Ernesto Bayolano (c)
 
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Logo "Tenerife Amable" del Cabildo de Tenerife _Agradecimientos...
La información sobre los billetes de tren y tranvía ha sido posible gracias a la colaboración de Rafael Cedrés Jorge,  Juan Domingo Ventura, Alvaro Dias, Roger Marks,  Joan Guilera Lores, Roberto Blazquez Monge, METRO´76 de Anden1 y Zigor Trejo Fernández.  Nuestro agradecimiento, también, al Cabildo de Tenerife, a la Biblioteca del Ejercito de Tierra en Santa Cruz de Tenerife, a la John Rylands University Library, al Lancaster City Council Museum y a Juan Carlos González.
 
 
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